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Al poco tiempo de haber patentado el cinematógrafo, los hermanos Lumière afirmaron que su aparato era un invento sin futuro, una curiosidad científica que nunca sería capaz de generar una industria estable como la de la fotografía.
Los Lumière pensaron que el cinematógrafo, a lo sumo, tendría un uso familiar y nunca sería rentable desde un punto de vista económico. Por eso sus primeras filmaciones incluyen gran cantidad de tomas caseras interpretadas por familiares y amigos, como Riña de niños, La partida de naipes o El desayuno del bebé.
Pero de aquellos primeros títulos rodados por los Lumière hay uno que destaca por su posterior importancia: “La salida de los obreros de la fábrica”. Considerada la primera película de la historia, en 1895, Louis Lumière coloca la cámara delante del portón de su empresa fotográfica y rueda a los obreros, en su mayoría mujeres, marchándose a comer. Se trata por tanto de un título que, en cierta forma, también pertenece al ámbito familiar porque es filmado en las posesiones de los Lumière.


Afirma Slavoj Zizek en su “Repetir Lenin” que el patrón de hoy insiste en que debe tratársele como a un amigo porque de esta manera la relación de poder no solamente permanece intacta, sino que además se transforma en un secreto que hay que respetar y no hablar de él. Para el subordinado, continúa diciendo el esloveno, una relación así resulta más claustrofóbica que la tradicional: hoy día el amo está presente en todos los ámbitos puesto que es autoridad y, al mismo tiempo, amigo.
La película chilena “La nana” (2009), de Sebastián Silva, plantea abiertamente un conflicto al que le es perfectamente aplicable esta reflexión sobre la forma posmoderna de ejercer el poder, o dicho de otra manera, de cómo ocultar las formas de dominación bajo la superficialidad de las buenas maneras, llegando incluso a conseguir que el propio dominado no sea consciente de su propia dominación.
Al final de la conocida película de Elio Petri “La clase obrera va al paraíso” (1972), un obrero del metal perdía la razón delirando acerca de un muro que tenía que derribar porque detrás estaba el paraíso prometido para los trabajadores. Hoy el muro que algunos representantes de la clase trabajadora intentan superar no está enladrillado de relaciones de alienación capitalistas, sino de pixeles basura.
John Cobra, el último bárbaro sacado a la arena pública por parte de empresarios sin escrúpulos para mofa general del personal, es el más claro ejemplo de ello. Lo visto en el concurso de TVE para elegir al cantante que representará a España en Eurovisión fue la constatación de la perversión del círculo social y económico en el que nuestra clase dominante ha envuelto al proletariado.





