Aunque no sea ninguna apuesta de riesgo referirse al inmenso talento de este grupo, aquí va uno de sus inolvidables sketchs. En tan solo tres minutos nos enseñan cómo la consolidada sociedad de consumo occidental ya había convertido interesadamente la televisión en una herramienta ridícula y enajenante, cómo la espectacularización de los contenidos (aunque fuese sortear un tresillo) se abría paso como la nueva estrategia discursiva dominante, o cómo la ventana de difusión formativa y cultural que este medio podría haber sido quedaba desactivada políticamente, en terminología marcuseriana, mediante la conformación de un espectador-ciudadano unidimensional que delegase fácilmente su participación en el discurso social a través del distraimiento de su atención y la fetichización de sus deseos.

Y es que como el propio Marx-Phyton parece sugerir cuando alude desconcertado a la importancia de quienes detentan, y para qué, el control de los medios de producción, los Monty Phyton, mediante este gag, demuestran la alta autoconsciencia que tenían sobre las condiciones políticas y sociales en las que estaba naciendo, de forma buscada y deseada por una burguesía enquistada en la maquinaria estatal, la llamada caja tonta.

A día de hoy, con una sociedad occidental ya perfectamente alienada, la caja tonta ha evolucionado lógicamente a caja recaudadora. Ya no solamente es tonta, sino que además es cara. Y es que nuestra actual televisión repleta de canales, aunque vacía de cualquier dialéctica del conocimiento, sigue ofreciéndonos competiciones futbolísticas y festivales de Eurovisión en un bucle tan estúpido que va a terminar por hacer buena la desprestigiada máxima hegeliana de que los grandes acontecimientos o personajes suelen aparecer dos veces en la Historia, a la que Marx añadió tras analizar el gobierno de Napoléon III: la primera como tragedia y la segunda como farsa.

Por eso resulta penoso, que no sorprendente, observar el (sub)desarrollo que el medio televisivo ha ido experimentando paralelamente al (sub)desarrollo capitalista. Porque, aún sin tener la más mínima esperanza de que este sistema haya sido alguna vez un modelo humanamente aceptable de organización social, la existencia de este gag creado dentro de la propia industria televisiva que criticaba, significa que tiempo atrás, aún podíamos observar la lucha por la coexistencia de varios modelos de producción televisiva, probablemente reflejo de la existencia de otros proyectos de sociedad, todo un lujo si lo comparamos con la pobre situación en la que actualmente nos encontramos.

P.D: Para finalizar no me resisto a remarcar el magnífico detalle del presentador colocando a Marx en la marca mientras le anima a participar en el juego. Todo un gesto cargado de simbolismo sobre lo que popularmente se conoce como pasar por el aro.

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