Ahora todo son prisas: hay que acudir el 22 de mayo a votar, a llenar las urnas, a ejercer nuestra obligación de ciudadanos de pleno derecho, a expresar nuestra rabiosa disconformidad votando. Todos y todas a recortarle a la derecha todo lo que nos han recortado, rebelémonos votando, seamos alternativa, no nos resignemos, porque si tú no vas, ellos vuelven. Jóvenes, mujeres, mayores, inmigrantes, empleados, desempleados, asalariados, autónomos (dependientes, falsos y verdaderos), que nadie se quede en casa porque la derecha siempre vota. Ellos que no creen en la democracia son quienes primero la utilizan en su beneficio, por eso no es el momento de críticas, ni de divisiones en la izquierda, todos unidos por una misma causa, un mismo objetivo: echar al PP allí donde gobierne. Nunca ha sido tan necesario tu voto, tu implicación, vota por el PSOE o por IU, a quien quieras, pero vota, no te quedes en casa.

Estas frases hechas, y muchas más, pueden caernos encima si en cualquier reunión con adultos responsables confesamos, como si de un pecado mortal se tratase, que no vamos a ir a votar el día 22. La reacción, como el séptimo de caballería en las películas de indios, llega a galope tendido, arrasando. Pero cómo dices eso, tú, que eres tan de izquierdas. No te das cuenta que si no vas, gana Esperanza Aguirre. ¿Es que no crees en la democracia? ¿es que no sabes que la abstención es un voto a la derecha?

Tras este nuevo ejercicio de electoralismo ciego e irreflexivo, es el momento en el que debemos tomar aire, porque la empresa no es fácil, y comenzar nuestra réplica. Recomiendo centrarla en que ni mucho menos pasamos de la política, todo lo contrario, estamos muy concienciados de que si pasamos de la política, la política pasa por encima de nosotros, y que también estamos eternamente agradecidos a tantas personas que en el pasado se dejaron la vida para que nosotros pudiésemos tener derecho al voto, pero que precisamente por eso, y  llega nuestra primera subida a la red, porque el voto es la forma más elevada que tenemos para expresarnos políticamente, no queremos utilizarlo como un arma arrojadiza contra nadie, todo lo contrario, queremos votar a favor, a favor de las opciones políticas que nos representan e ilusionan. Para llevarnos el primer punto a nuestro casillero, lo más aconsejable es pedirle a los urnólogos que, ya que no existe el voto contra nadie, sino que en definitiva se trata de votar a un partido concreto, que intenten convencernos en positivo del trabajo efectuado durante la crisis por alguno de ellos. Puedo aseguraros que después de esta pregunta, nuestra volea pisa la línea de fondo sin posibilidad de devolución por parte de nuestro rival. Todo lo más, obtendremos un apagado: eso lo sabrás tú, y el punto cae de nuestro lado.

Acto seguido, el contraataque del urnólogo macho, o sea, del jefe de los devotos de la cofradía de la papeleta, suele consistir en emitir varios resoplidos, y a continuación, una serie de comentarios tales como que no hay ningún partido que pueda representar plenamente los deseos de nadie, que siempre hay que entender que existe un margen de desacuerdo o frustración, que la vida interna de las organizaciones es muy complicada, que no puede atenderse a todo el mundo, que si todo el mundo opina esto se convierte un follón. Sin dejarle aire para respirar, volvemos a subir a la red porque nos han dejado una bola en medio de la pista sin fuerza. Tan solo es necesario argumentarle que el problema que tenemos para ir el día 22 a las urnas es que cuando, durante el resto del año, queremos votar en los partidos y sindicatos para sentirnos parte de sus elaboraciones teóricas y prácticas no nos dejan hacerlo porque para eso existen ya los comités, consejos y secretarías que se encargan de hacerlo por nosotros. Ellos nos ridiculizarán diciéndonos que tan malo es lo uno como lo otro, es decir, no votar como pretender que se vote todo constantemente. Y claro, llegados este punto, para llevarnos el partido a casa con nuestro servicio, basta con que abrumemos a nuestros rivales con una serie de cuestiones que entrarán a formar parte del conocido grupo de preguntas sin respuestas tipo, quienes somos, a dónde vamos o de dónde venimos.

Si tan importante es votar, afirmación que suscribimos absolutamente, ¿por qué no ha habido primarias para confeccionar las listas de los partidos que concurren a las elecciones este 22 de mayo? ¿por qué las listas han elaborado con nocturnidad y alevosía, al margen de la voluntad de los afiliados y simpatizantes? ¿por qué se esconden los censos a quienes intentamos formar corrientes democráticas dentro de nuestras propias organizaciones? ¿por qué no podemos votar para revocar el mandato de un dirigente que no está cumpliendo con su programa? ¿por qué no podemos votar mediante un sistema de listas abiertas que nos permita ajustar al máximo nuestras preferencias? ¿por qué no podemos votar a qué partidas queremos que prioritariamente se destine el presupuesto de nuestra ciudad, comunidad o país?

Lo habitual llegados a este punto es que nuestros adversarios, en plena retirada, nos digan con tono paternalista que somos unos utópicos, que la política es la ciencia de lo posible, y que si sale la derecha, no nos quejemos porque la situación aún va a tener menos posibilidades de cambiarse, y nosotros tendremos mucha culpa de todo.

Pero como somos tan buenos ganadores como perdedores, para que nuestros urnólogos no se marchen cabizbajos, y por lo menos se vayan a casa creyendo que han salvado el honor de su revolucionaria generación, finalizaremos el encuentro diciéndoles que podía haber sido peor porque no nos han dejado preguntarles por qué seguimos sin poder votar al poder judicial, al militar o al económico. Sí, y dos huevos duros, nos contestarán guiñándose el ojo entre ellos por la ingenuidad de nuestro comentario.

Por eso lo mejor, y aquí regresan con su último consejo, es que este 22 acudamos todos a votar porque ellos también pensaban así cuando eran jóvenes, incluso peor, porque ni siquiera creían en la democracia burguesa, pero que con el tiempo se aprende que las cosas se cambian desde dentro, y que si no estás dentro, no tienes oportunidad de hablar de estas cosas. Tiempo habrá de hacerlo en los próximos cuatro años.

Resumiendo, la derecha nos trata como consumidores y la izquierda como niños.

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